Restitución de tierras ¿Por qué protesta Uribe?

Una coalición de élites propietarias de la tierra apoyó y usó a las Convivir y luego a los paramilitares para liberarse de la tiranía extorsiva de las guerrillas, y cuando aquellos desenfrenaron el terror como bandidos estacionarios, los desmovilizó parcialmente mediante el sometimiento a la justicia y la extradición de los jefes, y a continuación quiso consolidar lo ganado con la segunda reelección de Álvaro Uribe, abortada por la Corte Constitucional.

La decisión de Juan Manuél Santos de restituir las tierras y el nombramiento de Juan Camilo Restrepo como ministro encargado de conducir la política agraria y la restitución de tierras pusieron en estado de alerta a la coalición de las élites regionales anteriores y emergentes. ¡Restituir es volver a encender la guerra por la tierra!, fue el primer grito de alarma de Fernando Londoño cuando se presentó el proyecto de ley al Congreso en septiembre del 2010.

En efecto: la guerra por la tierra está en mitad de partido, pues el primer tiempo puso en fuga a seis millones de desplazados del campo y dejó sin patrimonio ni sustento a 350.000 familias desarraigadas por la fuerza de su tierra, y, en el otro extremo, aumentaron el capital y la confianza inversionista de quienes se quedaron con ella a bajo precio, de mala o de buena fe. El costo del despojo para los despojados y para la sociedad en su conjunto es mucho mayor que lo que costará la restitución y mayor que la ganancia de quienes se quedaron con la tierra.

Existe una gran simetría entre el lenguaje descalificatorio que usa Álvaro Uribe contra la política agraria del Gobierno (“hostilidad demagógica contra la gran empresa, discurso político amenazante, desafiante discurso agrarista”), destinado a alertar y coaligar a los grandes propietarios contra la reforma en tierras de Santos, y el lenguaje usado para alertar a los militares sobre la desprotección jurídica en que cree que están para librar la guerra, responsable, según Uribe, del deterioro de la seguridad. Si a esto se suma la posibilidad, así sea remota, de una negociación de paz con las guerrillas, en vez del exterminio prolongado y recíproco que él preferiría, se comprende el sentido de lanzar un “frente antiterrorista”, al que habría que añadir también “antirrestitución”, para quedar convertido en el Fara -‘Frente Antiterrorista Reeleccionista Antirrestitución’-.

El discurso antiagrario de Uribe es un llamamiento a filas, encubierto en un frente antiterrorista, para que los grandes propietarios se sientan amenazados por el Gobierno y se opongan a la restitución y ordenamiento de los derechos de propiedad, para que se compacte la alianza de la gran propiedad con las élites emergentes en defensa del monopolio de la tierra. Y el discurso sobre la pérdida de seguridad de las élites terratenientes complementa el cuadro para legitimar la nueva generación del paramilitarismo, que fue precisamente la alianza de seguridad entre los grandes propietarios, las fuerzas armadas sin respaldo político para combatir y las mafias especialistas en el uso de la violencia privada para el control territorial.

Las élites regionales protegen su régimen de rentas -siendo el monopolio de la tierra la renta principal- con la amenaza creíble del uso de la violencia para defenderlas, y dependerá de las Fuerzas Armadas, bajo la dirección del Gobierno, decidir si quieren estar subordinadas a las élites regionales para proteger sus rentas del monopolio y el despojo, o si prefieren enfrentar su amenaza de violencia y defender los derechos colectivos de la población rural a la restitución y la seguridad, que por fortuna están ahora, en el gobierno de Santos, bajo la protección de la ley que juraron cumplir y hacer cumplir como fuerza pública del Estado.

Alejandro Reyes Posada

PUBLICADO EN EL TIEMPO

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Acerca de Alejandro Reyes Posada

Abogado y sociólogo. Investigador de asuntos agrarios y de tierras desde 1968. Asesor del ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo y de la delegación del gobierno en la negociación del punto agrario de las conversaciones de paz con las Farc en La Habana entre octubre de 2012 y mayo de 2013. Actualmente soy consultor e investigador independiente.
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