Territorios guerrilleros y paz

Las guerrillas ocupan dos tipos de territorios, un adentro y un afuera, áreas de retaguardia y áreas de operación armada, unidas por múltiples rutas por donde circulan combatientes, drogas y armas. Las áreas de operación tienen redes de milicias, vinculadas tanto a la acción militar como a la movilización social como arma política, y frentes de combate, reducidos en número de combatientes, pero con mayor capacidad y movilidad.

En sus áreas de retaguardia, las guerrillas han predominado sobre el estado como organización que regula el orden social, los derechos de propiedad de la tierra y la economía de los cultivos ilícitos, que el estado no puede regular sino combatir. Allí la población recibe escasa atención del estado, es tratada como delincuente y fumigada por su economía ilegal, y su seguridad y  justicia dependen de las guerrillas, a cuya tributación y dominación está sometida.

Las guerrillas ejercen violencia donde su poder es débil, y usan la amenaza de violencia donde ejercen plenitud de poder. Hay una transición gradual entre áreas de retaguardia y de operación, donde el estado y las guerrillas disputan la lealtad de la población. El estado avanza en la reparación y restitución de víctimas de despojo, la formalización y adjudicación de baldíos, y concibe el nuevo enfoque del desarrollo rural como desarrollo territorial, para llevar bienes públicos, infraestructura y desarrollo productivo incluyente a la población rural. Mientras tanto, las guerrillas se vuelcan a incidir en la movilización social, para acelerar las reclamaciones agrarias y probar que ellas pueden acreditarse como defensoras de las aspiraciones históricas del campesinado, para reivindicar así su carácter político y justificar su tránsito a la vida civil con la bandera de las luchas agrarias que les dieron origen.

Si estas son las fuerzas territoriales que inciden en la terminación del conflicto prolongado que ha vivido el país, no existe otra salida que resolver en serio la cuestión agraria, para absorber el adentro de los espacios guerrilleros, el campesinado excluido, con una vigorosa política de inclusión al mundo de los derechos y el bienestar.

En este marco, y como resultado de una iniciativa estatal, se puede concebir la reinserción de las guerrillas dentro del contexto del desarrollo de los territorios en los cuales pasarían a la vida civil luego de la desmovilización, y en el acceso generalizado de los productores rurales a la tierra y el desarrollo rural, para revertir la concentración inequitativa, superar la pobreza y elevar la productividad agraria.

En otras palabras, se trata de hacer la paz con la población campesina, postergada por tantas décadas, y esa paz será el espacio de convergencia entre el Estado y las guerrillas, que confluyen en la decisión de terminar el conflicto armado y parar el infierno de la guerra, para dejar fluir, por los caminos democráticos sin violencia, los conflictos de tierras y los reclamos contra la exclusión histórica a la que se ha sometido a la población rural y los pueblos étnicos. Las garantías políticas de oposición y participación deben comenzar por la población rural, para terminar con la estigmatización que los señala como manipulados por las guerrillas cuando reivindican sus derechos.

La reforma rural que emprendió el gobierno Santos, que abrió la puerta de la paz, es la decisión ética de no seguir posponiendo, con el pretexto de la infiltración guerrillera, el reconocimiento efectivo de los derechos de los campesinos, los indígenas y los negros, y en ese contexto las guerrillas encuentran el escenario para dejar la lucha armada y participar en la política democrática. La paz, en últimas, no es la terminación del conflicto, sino la transformación del conflicto armado violento en conflicto social pacífico, que se tramita y resuelve por los cauces del estado de derecho. El resto es la dejación de armas, la favorabilidad penal y los derechos políticos y de seguridad de los desmovilizados.

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Acerca de Alejandro Reyes Posada

Abogado y sociólogo. Investigador de asuntos agrarios y de tierras desde 1968. Asesor del ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo y de la delegación del gobierno en la negociación del punto agrario de las conversaciones de paz con las Farc en La Habana entre octubre de 2012 y mayo de 2013. Actualmente soy consultor e investigador independiente.
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