La reconstrucción social del campesinado

Las comunidades campesinas han sido destrozadas por el conflicto armado. La lógica social de la guerra, que se funda en la distinción entre amigo y enemigo, penetra el territorio de cada comunidad y la divide entre para-guerrilleros y para-paramilitares, rompiendo las comunidades, por consolidadas o precarias que fueran. Cuando la fuerza dominante es la guerrilla, sus víctimas son calificadas como paramilitares y, si no se las mata, se desplazan con el estigma de ser su base de apoyo, es decir, sospechosas de contaminación. Cuando es la fuerza paramilitar de ocupación del territorio, las víctimas son señaladas como auxiliadores de las guerrillas, y al desplazarse llevan el estigma hasta el lugar de destino, los tugurios urbanos.

Un quinto del campesinado perdió su territorio en las últimas tres décadas, pero el resto resistió la embestida y se plegó al grupo armado dominante y a veces luego al que lo reemplazó, en alianzas cambiantes. Los resistentes al desplazamiento también cargan el estigma de haber vivido bajo la dominación armada de guerrillas o paramilitares.

La restitución de predios despojados tiene como condición de posibilidad la liberación del territorio de las dominaciones armadas que imponen la relación amigo-enemigo y la superación de su consecuencia, la imposición de los estigmas y lealtades con los grupos armados que polarizaron la comunidad. Esto significa que la restitución sólo puede hacerse en los territorios donde el estado ejerce el control territorial suficiente que garantice la despolarización. Esa recuperación del control estatal depende de la reconciliación entre las facciones enfrentadas en el tejido social de las comunidades y el empoderamiento de la organización territorial de la población rural, que evite la violencia interna encerrada en la polarización y permita reconstruir un orden social de las comunidades. El territorio delimita el espacio donde la sociedad debe reconstruir los lazos que la identifican como comunidad.

La despolarización y organización de las comunidades crea una membrana social que permite la cooperación y la confianza, de manera que las mismas comunidades controlen las conductas predatorias de los aprovechadores, que se benefician de la cooperación sin dar su aporte o se apropian de los esfuerzos colectivos con prácticas corruptas. La organización debe impedir que se reproduzcan las divisiones internas sembradas por el conflicto armado.

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Acerca de Alejandro Reyes Posada

Abogado y sociólogo. Investigador de asuntos agrarios y de tierras desde 1968. Asesor del ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo y de la delegación del gobierno en la negociación del punto agrario de las conversaciones de paz con las Farc en La Habana entre octubre de 2012 y mayo de 2013. Actualmente soy consultor e investigador independiente.
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