Buena noticia: las FARC ya no son comunistas

RAZÓN PÚBLICA Imprimir E-mail
JORGE IVAN GONZÁLEZ

CONFLICTO, DROGAS Y PAZ

Lunes, 29 de Octubre de 2012 00:02

Muchos siguen espantados por el tono de Márquez en Oslo. Pero al leerlo atentamente quedarían más tranquilos: las FARC han adoptado un discurso propio de los liberales radicales del siglo XIX. Falta ver si Santos es coherente con su propio discurso.

Leyendo con cuidado

Varios comentaristas han dicho que el discurso pronunciado por Iván Márquez en Oslo es comunista y marxista; que sus peticiones son las mismas de siempre; que la concepción de sociedad que tienen las FARC no ha cambiado en los últimos 50 años.

En contravía de estas apreciaciones, una lectura cuidadosa de las palabras de Iván Márquez demuestra que las FARC ya no tienen un ideario comunista: sus propuestas caben perfectamente en la concepción de los pensadores liberales de finales del siglo XIX y principios del XX. Lejos de ser comunista, el discurso de las FARC se ajusta a una versión tímida del liberalismo radical.

¿Dónde quedó la propiedad colectiva de los medios de producción?

Para Marx, la propiedad colectiva de los medios de producción es una condición absolutamente necesaria para superar la explotación del trabajo. La propiedad colectiva de los medios de producción es un asunto neurálgico en la teoría marxista, porque es la única forma de acabar con la explotación del trabajador que está en la base del modo de producción capitalista.


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Lejos de ser comunista, el discurso de las FARC se ajusta a una versión tímida del liberalismo radical.  Foto: Anncol.

 

Cualquier alternativa de sociedad que no resuelva este tema sustantivo seguirá signada por el pecado original del capitalismo. Para Marx, la explotación únicamente puede romperse si el Estado proletario expropia a la burguesía y se hace dueño de los medios de producción. Pero en ninguna de las apreciaciones de Márquez se dice que las FARC estén buscando una sociedad donde el Estado sea el propietario de los medios de producción.

En la práctica esto significa que para las FARC el modelo de sociedad no es Cuba -y ni siquiera es China. En otros tiempos, las FARC sí tenían un discurso favorable a la propiedad colectiva de los medios de producción.

Desde esta perspectiva, no hay duda de que el discurso de las FARC se ha modificado considerablemente. Este cambio de óptica es fundamental porque abre las puertas para dialogar sobre la base de las ideas liberales.

Las FARC no asocian los males del capitalismo con la propiedad privada sobre los medios de producción, sino con la falta de inclusión y de oportunidades. Márquez es duro con el mercado, y lo llama el “asesino metafísico”.

Pero de allí no se sigue que para acabar con este peculiar criminal sea necesario que Colombia opte por una economía planificada y centralizada. En sentido estricto, para sustituir de veras al mercado tendría que pensarse en algo semejante a los complejos procesos centralizados que organizó la Unión Soviética a través del Gosplan(Comité de Planificación del Estado).

Y este no es el modelo propuesto por las FARC. Entre otras razones, porque ya fracasó. Desde hace varios años, China ha aceptado la conveniencia de ir introduciendo lógicas de mercado. También lo está haciendo Cuba, aunque de manera más lenta.

No es Márquez, ni mucho menos, el primero en advertir sobre la brutalidad del mercado. Tras las primeras leyes antimonopolio en Estados Unidos, ya subyace la profunda convicción de que el mercado no regulado lleva a un “desastre moral”. El libre mercado sin límites permite que la persona talentosa acabe siendo un monstruo. La filosofía moral contemporánea así lo reconoce. Basta con leer a Martha Nussbaum.

Si las FARC no aspiran a que el Estado colombiano sea propietario de los medios de producción, pero sí critican los excesos del mercado, entonces se sitúan de lleno en el terreno del liberalismo, no del comunismo.

En el campo social, tienen razón

El diagnóstico social de las FARC es acertado: Colombia es hoy uno de los países más desiguales del mundo. Esta constatación no es nueva. Lo mismo han dicho de manera reiterada el Banco Mundial, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y los Informes Nacionales de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Lo confirmó el propio presidente Santos en su pedagógica explicación de esta semana sobre la reforma tributaria.


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En la Antioquia del presidente Uribe, entre 2004 y 2009, el Gini pasó de 0,86 a 0,91. Una cifra más escandalosa aún que la de Márquez.  Foto: Gobernación de Antioquia.

Márquez recuerda que el coeficiente de Gini aplicado a la propiedad de la tierra en Colombia es de 0,89. Esta cifra es compatible con la que presenta el último Informe Nacional de Desarrollo Humano de Naciones Unidas: Colombia Rural. Razones para la Esperanza. Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011.

Los cálculos que presenta el Informe, elaborados sobre la base de la información del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), indican que este indicador para el total del país efectivamente es de 0,87. Y en la Antioquia del presidente Uribe, entre 2004 y 2009, el Gini pasó de 0,86 a 0,91. Una cifra más escandalosa aún que la de Márquez.

La ganaderización y el mal uso de la tierra es un tema central del Informe de Naciones Unidas. Márquez leyó el Informe, y de allí concluye que la forma como se está usando la tierra es inadecuada. Para Naciones Unidas resulta indignante que los valles del Sinú y San Jorge — las mejores tierras del país — se dediquen a la ganadería extensiva (una vaca por hectárea).

También tiene razón Márquez en que “… más de la mitad del territorio colombiano está en función de los intereses de una economía de enclave”. Colombia no ha logrado desenclavar las economías en las zonas de explotación minera y petrolera. Basta ver lo que está sucediendo en las regiones de influencia de Cerro Matoso, de la Drummond, del Cerrejón y de Pacific Rubiales.

El diagnóstico económico: en buena compañía

Desde una perspectiva general, la economía colombiana efectivamente ya está sufriendo la enfermedad holandesa. Los sectores que más crecen son: minas y petróleo, finanzas, comercio y servicios. Mientras tanto la industria cae.

La dinámica del comercio está directamente relacionada con la revaluación del peso, ya que una parte importante de los bienes son importados. Esta tendencia está llevando a la desindustrialización.

Entre el 2000 y el 2011, la participación de la industria en el PIB se redujo del 14 al 12 por ciento. El diagnóstico es claro: mientras que la minería y la producción de petróleo crecen a ritmos acelerados, la industria retrocede.


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La reforma tributaria que el gobierno acaba
de presentar al Congreso va en contravía de la equidad. La reducción de la tarifa a los
altos capitales es inaceptable.
Foto: Presidencia.

Márquez se refiere al “hampa financiera”. Los calificativos son similares a los que utilizan los manifestantes de Wall Street y los de la Plaza del Sol. La literatura liberal está llena de adjetivos similares.

En un hermoso texto escrito en 1881, Henry George — un liberal radical — criticaba indignado a los terratenientes, porque no pagaban impuestos:

“Terratenientes irlandeses, a ustedes y a los otros terratenientes, les pido disculpas por tacharlos de delincuentes y ladrones. Confío en que entenderán que no los considero peor que a los otros seres humanos, pero no encuentro otras palabras para describir la situación actual. Estos calificativos no son contra ustedes como individuos sino contra el sistema” [1].

George se oponía a los socialistas de su época, porque ellos querían que el Estado fuera propietario de la tierra. Para George era fundamental la defensa de la propiedad privada, pero con altos impuestos (tarifa del 100 por ciento a la renta diferencial).

Junto con George, otros liberales de la época como John Stuart Mill y León Walras defendían ideas parecidas. Walras iba más lejos y compartía con Marx la necesidad de que el Estado fuera propietario de la tierra, y no sólo de la renta diferencial como decía George.

Márquez afirma que si la titulación de tierras no está acompañada de un programa de desarrollo rural integral, se convertirá en una “trampa”. Si el campesino no tiene asesoría y acompañamiento terminará entregando su tierra al mejor postor. También tiene razón.

Finalmente, en opinión de Márquez, las locomotoras mineras tienen que frenarse porque están desbocadas. Esta lectura no es nueva, y el gobierno ha dicho que está evaluando con cuidado el desorden de la producción minera.

Lo modernización liberal: la mejor respuesta a las FARC

En los aspectos señalados por Márquez, la sociedad colombiana ha sido pre–liberal. Para John Stuart Mill, el fundamento de la sociedad capitalista es el disfrute apacible de la propiedad.

Para que ello sea posible, y para que la riqueza se convierta en libertad, es necesario que haya políticas distributivas radicales. Si Colombia sigue los caminos señalados por Mill y George, el país entrará en la era de la modernidad. Y, entonces, habrá menos causas objetivas que puedan llevar al conflicto.

La reforma tributaria que el gobierno acaba de presentar al Congreso va en contravía de la equidad. La reducción de la tarifa a los altos capitales es inaceptable. Mientras el ministro Cárdenas propone que la tarifa máxima a la renta de las personas naturales sea del 15 por ciento, Hollande en Francia, una sociedad liberal en plena crisis, fija una tarifa marginal del 75 por ciento.

El 15 por ciento de Cárdenas y el 75 por ciento de Hollande es, en la lógica de Mill, la diferencia entre una sociedad pre–liberal y una sociedad liberal. Si Colombia aceptara seriamente la propuesta del liberalismo de Mill y de George, el discurso de Márquez pasaría a ser completamente irrelevante.

Resulta paradójico que una vieja guerrilla le esté proponiendo al país incorporar los principios elementales que han sido la base de la modernidad liberal.

* El perfil del autor lo encuentra en este link. 

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Acerca de Alejandro Reyes Posada

Abogado y sociólogo. Investigador de asuntos agrarios y de tierras desde 1968. Asesor del ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo y de la delegación del gobierno en la negociación del punto agrario de las conversaciones de paz con las Farc en La Habana entre octubre de 2012 y mayo de 2013. Actualmente soy consultor e investigador independiente.
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