LAS COALICIONES DE LA GUERRA Y LA PAZ

Alejandro Reyes Posada

La paz y la guerra son los actos políticos por excelencia. Si la guerra marcó el gobierno de Uribe, la apuesta por la paz marcará el de Santos. La élite progresista sabe que sin terminar el conflicto es imposible consolidar la presencia territorial del estado, proteger los derechos de la población ni desplegar la competitividad potencial del país.

Hoy se dibujan dos coaliciones que dividen a la dirigencia política frente a la paz, encabezadas por Uribe y Santos, detrás de las cuales se alinean los grupos sociales que ganaron posiciones con el conflicto armado y los que saben que ganarían mucho más sin conflicto. La restitución de tierras, por ejemplo, es un anticipo del posconflicto con el que pierden quienes se apropiaron de tierras ajenas gracias a la violencia y ganan las víctimas, con las que se comprometió Santos. La transformación rural que se avecina en el posconflicto exigirá una distribución masiva de activos productivos, empezando por la tierra, y un cambio de los subsidios a los ricos por bienes públicos para el bienestar social de la población y para la competitividad de la producción agraria. 

Santos no cuenta con el apoyo de los grandes terratenientes de la ganadería extensiva y tampoco con el de las elites emergentes enriquecidas por los negocios ilegales, que penetraron sus redes en la política. Los empresarios modernos, no rentistas, representados por el presidente de la Andi en el equipo negociador, apoyan el acuerdo de paz negociada. Los desplazados, las víctimas, las comunidades campesinas, indígenas y negras tienen la esperanza de librarse del conflicto armado y quieren hacer oír su voz en las negociaciones.

Los avances en seguridad logrados con la desmovilización de los paramilitares, el debilitamiento de las guerrillas y el combate a las Bacrim, unidos a las expectativas despertadas por las nuevas políticas agrarias iniciadas por el gobierno y por la instalación del proceso de paz, han permitido superar en buena medida el terror que silenció a los campesinos. La mayor parte del territorio se ha liberado del conflicto armado y ha restablecido las condiciones mínimas para expresar los antagonismos propios del conflicto social, reprimido y amordazado durante décadas por la persecución contra la población movilizada por causas colectivas.

La protesta campesina es evidencia del restablecimiento de las condiciones mínimas de la democracia participativa, y anticipa que el final del conflicto armado abrirá la puerta para ir resolviendo el gran conflicto social acumulado por décadas de guerra, sin que el pueblo pueda ser fácilmente estigmatizado como infiltrado por las guerrillas.

Ahora la paz cuenta con la movilización campesina como protagonista de primera fila, de manera que ya no depende sólo del pulso político entre dos fracciones, una modernizante y otra retardataria, de la élite política, sino que responde a un plebiscito nacional del país que sufre la guerra.

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Acerca de Alejandro Reyes Posada

Abogado y sociólogo. Investigador de asuntos agrarios y de tierras desde 1968. Asesor del ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo y de la delegación del gobierno en la negociación del punto agrario de las conversaciones de paz con las Farc en La Habana entre octubre de 2012 y mayo de 2013. Actualmente soy consultor e investigador independiente.
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