LA RESISTENCIA DE LOS SECUESTRADORES DEL PAÍS

Publicado en EL ESPECTADOR el 17 de julio de 2016

En todas las regiones y territorios de Colombia hay grupos que se organizan para hacer parte de la construcción de un nuevo país sin conflicto armado. Son gente joven, ansiosa de conocer el territorio marcado por la violencia, con ansias de compartir capacidades y conocimiento con los pobladores locales, que se internan sin miedo en las rancherías wayuu, en las selvas del Guaviare o el Putumayo, las montañas de Antioquia o el Cauca o los llanos del Vichada. Pertenecen a la generación a la que sus padres impidieron viajar por el país por miedo al secuestro y al asesinato.

Quieren entender la visión que inspiró las reformas que se negociaron en La Habana para transformar el mundo rural y el destino de los campesinos, los indígenas y los negros. Siguen con atención las decisiones que toma el gobierno, los inquietan las divisiones entre las élites políticas y la oposición a la negociación de paz y les indigna la corrupción de los políticos, los contratistas y los carteles empresariales.

En todas las universidades se han creado grupos de estudio para investigar los daños causados por la guerra, el narcotráfico y la destrucción ambiental de la minería predatoria y para imaginar un futuro distinto para la nueva generación. Las agencias de cooperación internacional ya están aplicando programas para preparar el posconflicto con las Farc y han hecho énfasis en mejorar la capacidad de las instituciones locales y las comunidades para afrontar los retos que traerá la construcción de una sociedad reconciliada y en paz.

El acuerdo para una reforma rural integral contiene los compromisos mínimos necesarios para modernizar el campo, con derechos definidos de propiedad, ordenamiento ambiental y productivo de los territorios, fomento de la economía campesina y planes nacionales de educación, salud, infraestructura y conectividad para el mundo rural. Para desarrollar la reforma rural, el gobierno deberá hacer un nuevo catastro multipropósito, que elabore los planos de todas las posesiones informales de tierra, para formalizar los derechos, actualizar el valor de las propiedades, restablecer el recaudo de impuestos prediales para financiar a los municipios y las corporaciones regionales y superar los conflictos de uso de la tierra entre conservación, restauración, urbanización, minería, ganadería y agricultura.

El verdadero secreto que ha permitido a las élites territoriales concentrar la propiedad es el atraso e incoherencia del régimen de propiedad de la tierra y la virtual ausencia de impuestos que paguen el verdadero costo de oportunidad de almacenar capital en tierras, para que la sociedad las valorice. Ese almacenaje gratuito del capital les ahorra el esfuerzo empresarial de hacerlas productivas y les permite tener secuestrada la tierra, sin presiones para producir, crear empleos y contribuir con impuestos a la riqueza colectiva. Como lo demostró Antonio Hernández Gamarra en su estudio sobre la ganadería, los seis departamentos más ganaderos del país tienen un producto per cápita cuarenta por ciento inferior al de los departamentos no predominantemente ganaderos.

El núcleo duro de la oposición a la negociación de paz cristaliza como un diamante a los grandes terratenientes recién enriquecidos con la seguridad democrática, que temen el recorte de sus privilegios y la devolución de las tierras usurpadas a los campesinos mediante la apropiación ilegal de los baldíos. No puede ser que la resistencia de los secuestradores de la tierra logre detener la corriente de cambios positivos que traerá la paz con las Farc para la Colombia de las nuevas generaciones, que ya la están recorriendo con sus mochilas cargadas de ilusiones de futuro.
*alejandroreyesposada.wordpress.com

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Acerca de Alejandro Reyes Posada

Abogado y sociólogo. Investigador de asuntos agrarios y de tierras desde 1968. Asesor del ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo y de la delegación del gobierno en la negociación del punto agrario de las conversaciones de paz con las Farc en La Habana entre octubre de 2012 y mayo de 2013. Actualmente soy consultor e investigador independiente.
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